3.1. Introducción: administración y absorción
3.1.1. Absorción
La administración es el acto de introducir un fármaco en el organismo utilizando una determinada vía. A partir de ese momento comienza su recorrido farmacocinético, que comprende los procesos de liberación, absorción, distribución, metabolismo y excreción (LADME) vistos en el tema anterior.
La absorción es el proceso mediante el cual el fármaco pasa desde su lugar de administración hasta la circulación sistémica. Por tanto, solo hablamos propiamente de absorción cuando existe una barrera que el fármaco debe atravesar antes de incorporarse a la sangre.
La excepción es la administración intravenosa. En este caso el fármaco se deposita directamente en la circulación sistémica, por lo que no existe fase de absorción.
Absorción: paso de un fármaco desde el sitio de administración hasta la circulación sanguínea, sin contar la circulación portal.
Administración y absorción no son sinónimos.
La administración indica cómo introducimos el fármaco en el organismo.
La absorción describe su paso desde ese lugar hasta la circulación sistémica.
Aunque el LADME se describe como una secuencia de fases por razones docentes, conviene recordar que para el conjunto de la dosis administrada la absorción ocurre a la vez que la distribución, la metabolización y la excreción, no una detrás de otra.
3.2. Mecanismos y factores que condicionan la absorción
La absorción depende de la interacción entre:
- Características fisicoquímicas del fármaco.
- Características del lugar de administración.
- Procesos que pueden eliminar parte de la dosis antes de que alcance la circulación sistémica.
- Factores relacionados con el paciente.
3.2.1. Propiedades fisicoquímicas del fármaco
Muchos fármacos atraviesan las membranas mediante difusión pasiva. Para hacerlo deben abandonar el medio acuoso, atravesar la bicapa lipídica y alcanzar el compartimento situado al otro lado de la membrana.
Por ello, la liposolubilidad constituye un determinante importante de la absorción. Las moléculas suficientemente liposolubles atraviesan con mayor facilidad la membrana celular, mientras que las moléculas muy hidrosolubles dependen en mayor medida de poros o sistemas de transporte.
También influye el tamaño molecular. En términos generales, las moléculas pequeñas atraviesan con mayor facilidad las barreras biológicas que las de gran tamaño.
Otro factor fundamental es el grado de ionización. Muchos fármacos son ácidos o bases débiles y se encuentran en equilibrio entre una forma ionizada y otra no ionizada. La forma no ionizada suele ser más liposoluble y atraviesa mejor las membranas por difusión pasiva.
La proporción entre ambas formas depende del pKa del fármaco y del pH del medio.
La fracción no ionizada suele atravesar mejor las membranas por difusión pasiva, pero el grado de ionización no es el único factor que determina dónde y cuánto se absorbe un fármaco.
La superficie disponible, la perfusión y la existencia de transportadores pueden ser igual o más importantes. Por este motivo, aunque determinados ácidos débiles puedan encontrarse relativamente poco ionizados en el estómago, la mayoría de los fármacos administrados por vía oral se absorben fundamentalmente en el intestino delgado, cuya superficie absortiva es mucho mayor.
Algunos fármacos utilizan además proteínas transportadoras para atravesar las membranas. Estos sistemas pueden facilitar su entrada en la célula o favorecer su expulsión hacia la luz intestinal, modificando así la cantidad finalmente absorbida.
3.2.2. Forma farmacéutica y disolución
Antes de atravesar una membrana, el principio activo debe encontrarse disponible en una forma adecuada para ser absorbido.
- Formas farmacéuticas sólidas: suele ser necesaria una fase previa de desintegración y disolución. Un comprimido debe desintegrarse y liberar el principio activo antes de que este pueda disolverse y atravesar el epitelio.
- Solución oral: puede comenzar a absorberse antes que un comprimido que contiene la misma cantidad de principio activo por este motivo.
El tamaño de partícula, los excipientes, el proceso de fabricación y las características de la formulación también pueden modificar la velocidad con la que el fármaco queda disponible.
Estas propiedades se aprovechan en las formulaciones de liberación modificada, diseñadas para retrasar, prolongar o controlar la liberación del principio activo.
La forma farmacéutica puede modificar así la velocidad de absorción sin cambiar necesariamente la dosis administrada.
3.2.3. Características del lugar de absorción
La absorción depende también del tejido desde el que el fármaco debe acceder a la circulación.
Una gran superficie de contacto favorece la absorción. Este es uno de los principales motivos por los que el intestino delgado constituye el lugar principal de absorción de muchos fármacos administrados por vía oral.
También es importante la perfusión sanguínea. Una vez que el fármaco atraviesa una membrana, el flujo sanguíneo retira moléculas del lugar de absorción y ayuda a mantener el gradiente de concentración.
Este efecto es especialmente evidente en las administraciones intramuscular y subcutánea. Un tejido muy perfundido suele permitir una absorción más rápida que otro con menor flujo sanguíneo.
El tiempo de contacto también puede modificar la absorción. En el aparato digestivo, las alteraciones importantes de la motilidad pueden cambiar el tiempo disponible para que el principio activo se disuelva y atraviese el epitelio.
Superficie, perfusión y tiempo de contacto deben considerarse conjuntamente.
3.2.4. Pérdidas presistémicas y efecto de primer paso
No toda la dosis administrada por una vía extravascular consigue alcanzar la circulación sistémica de forma inalterada. Una fracción puede no llegar a absorberse debido a una disolución incompleta, degradación química o enzimática, interacción con alimentos u otras sustancias o eliminación por el tubo digestivo.
Otra parte puede atravesar el epitelio pero ser metabolizada antes de alcanzar la circulación sistémica. Este fenómeno recibe el nombre de eliminación presistémica.
En los fármacos administrados por vía oral, parte de este metabolismo puede producirse en los propios enterocitos. Posteriormente, el fármaco absorbido alcanza el hígado a través de la circulación portal y puede sufrir una nueva extracción antes de llegar a la circulación general.
Efecto de primer paso: eliminación presistémica que experimenta una parte del fármaco antes de alcanzar la circulación sistémica. Puede incluir metabolismo intestinal y hepático.
Cuanto mayor sea la extracción presistémica, menor será la cantidad de fármaco inalterado que alcance la circulación sistémica y, por tanto, menor será su biodisponibilidad.
Es importante diferenciar este fenómeno de una absorción incompleta. Un fármaco puede atravesar correctamente el epitelio intestinal y presentar, sin embargo, una biodisponibilidad oral baja porque una fracción importante sea metabolizada en la pared intestinal o en el hígado.
T4: Distribución, eliminación y circunstancias especiales retoma la metabolización hepática con más detalle.
3.2.5. Factores que afectan a la absorción dependientes del paciente
Además de los factores propios del fármaco y de la vía elegida, la absorción depende también de características del paciente:
- Factores fisiológicos: se encuentran la edad, el estado de la circulación periférica, la motilidad gastrointestinal, el vaciamiento gástrico y la composición del contenido digestivo.
- Enfermedades que alteran la absorción según la vía:
- Vómitos y diarreas intensas: pueden reducir o volver impredecible la absorción oral.
- Alteraciones graves de la motilidad digestiva: también pueden modificar el tiempo de contacto del fármaco con la mucosa.
- Disminución de la perfusión periférica: puede reducir la absorción desde los tejidos muscular y subcutáneo. Puede adquirir importancia en situaciones de hipoperfusión o shock.
- Alteraciones del metabolismo intestinal o hepático: pueden alterar además la biodisponibilidad, aunque en este caso el mecanismo no sea necesariamente una modificación de la absorción propiamente dicha.
- Interferencia entre medicamentos: un medicamento puede modificar la absorción de otro al cambiar el pH gastrointestinal, alterar la motilidad, formar complejos no absorbibles o competir por determinados mecanismos de transporte.
La cantidad de fármaco que alcanza la circulación sistémica depende del fármaco, de su formulación, de la vía de administración y del paciente. La biodisponibilidad es el resultado final de todos estos factores.
3.3. Biodisponibilidad
3.3.1. Concepto y biodisponibilidad absoluta
La biodisponibilidad expresa la fracción de una dosis administrada que alcanza la circulación sistémica en forma inalterada y la velocidad con la que lo hace.
Biodisponibilidad: fracción de una dosis administrada que alcanza la circulación sistémica en forma inalterada y la velocidad con la que lo hace.
Absorción y biodisponibilidad están estrechamente relacionadas, pero no son equivalentes. La absorción describe el paso a través de una barrera; la biodisponibilidad tiene en cuenta además las pérdidas que pueden producirse antes de que el fármaco alcance la circulación general.
Absorción y biodisponibilidad no son lo mismo.
La absorción mide cuánto y con qué rapidez sale el fármaco del sitio de administración.
La biodisponibilidad mide qué fracción de esa dosis llega finalmente, sin alterar, a la circulación sistémica, ya descontado el primer paso hepático y cualquier otra pérdida.
La vía intravenosa se utiliza como referencia porque toda la dosis administrada entra directamente en la circulación. Su biodisponibilidad absoluta es, por definición, F = 1, es decir, 100 %.
Para una administración extravascular puede calcularse la biodisponibilidad absoluta comparando la exposición obtenida por esa vía con la exposición obtenida tras una administración intravenosa y corrigiendo por las dosis empleadas:
Si se administra la misma dosis por ambas vías, la expresión se simplifica a la relación entre las dos áreas bajo la curva.
Un valor de F = 0,70 indica que aproximadamente el 70 % de la dosis administrada alcanza la circulación sistémica en forma inalterada.
3.3.2. Curva concentración plasmática-tiempo
Tras administrar un fármaco por una vía extravascular, su concentración plasmática aumenta mientras la entrada de fármaco en la circulación supera su desaparición.
Durante esta fase ya existen simultáneamente distribución y eliminación. La concentración continúa aumentando hasta alcanzar un valor máximo denominado Cmax.
El tiempo transcurrido desde la administración hasta alcanzar esa concentración recibe el nombre de Tmax.
Después de Cmax, la concentración plasmática comienza a disminuir porque la desaparición del fármaco pasa a predominar sobre su entrada en la circulación.
Un Tmax menor indica que el máximo plasmático se alcanza antes. Cuando se comparan formulaciones similares, suele asociarse a una absorción más rápida.
La Cmax refleja el máximo nivel plasmático alcanzado. Está condicionada tanto por la velocidad de absorción como por la cantidad de fármaco que alcanza la circulación y por su distribución y eliminación.
No debe interpretarse como una medida directa de la intensidad del efecto farmacológico. La respuesta depende de la relación entre concentración y efecto, que se estudia en farmacodinamia.
El tercer parámetro fundamental es el área bajo la curva, habitualmente abreviada como AUC por area under the curve. Representa la exposición sistémica total al fármaco a lo largo del tiempo.
AUC → exposición sistémica total.
Cmax → concentración máxima.
Tmax → tiempo necesario para alcanzar Cmax.
3.3.3. Relación con eficacia y toxicidad
Para algunos fármacos resulta útil relacionar las concentraciones plasmáticas con determinados umbrales de respuesta.
La concentración mínima eficaz (CME) es la concentración por debajo de la cual no suele obtenerse el efecto terapéutico deseado. Por encima de determinadas concentraciones aumenta la probabilidad de efectos adversos o tóxicos. A esta concentración la denominamos concentración máxima tóxica (CMT).
El intervalo de concentraciones que permite obtener eficacia con una toxicidad aceptable (entre CME y CMT) se denomina ventana terapéutica o rango terapéutico.
Una misma exposición total puede acompañarse de perfiles plasmáticos diferentes. Una absorción muy rápida puede producir una Cmax elevada, mientras que una absorción más lenta puede generar concentraciones máximas menores y más prolongadas.
Esta diferencia es relevante en aquellos fármacos en los que el pico de concentración se relaciona con eficacia o toxicidad.
La relación entre concentración, ocupación de receptores y magnitud del efecto se desarrolla en Farmacodinamia.
3.4. Bioequivalencia y medicamentos genéricos
La bioequivalencia clínica o terapéutica es la única realmente útil en la práctica. De nada sirve que dos medicamentos sean químicamente idénticos si no producen el mismo resultado en el paciente.
Dos medicamentos pueden contener el mismo principio activo y la misma dosis, pero presentar diferencias en la formulación que modifiquen la disolución, la velocidad de absorción y la exposición sistémica.
La equivalencia farmacéutica implica que dos medicamentos contienen el mismo principio activo en la misma cantidad y presentan una forma farmacéutica comparable según los requisitos regulatorios aplicables.
La bioequivalencia pretende demostrar que dos medicamentos farmacéuticamente equivalentes producen una exposición sistémica suficientemente similar como para que no se esperen diferencias clínicamente relevantes atribuibles a su formulación.
Para demostrar bioequivalencia se compara un medicamento test con un medicamento de referencia. Los parámetros farmacocinéticos fundamentales son el AUC y la Cmax. El Tmax se registra como parámetro adicional relacionado con la velocidad con la que se alcanza esa concentración máxima. En estudios de dosis única, la guía ICH M13A considera AUC y Cmax parámetros primarios para establecer bioequivalencia.
Los estudios de bioequivalencia suelen realizarse con diseño cruzado. Cada participante recibe en periodos diferentes el medicamento test y el medicamento de referencia, separados por un intervalo suficiente de lavado. De esta forma, cada individuo actúa como su propio control y se reduce la influencia de la variabilidad farmacocinética entre sujetos.
Para AUC y Cmax, el criterio convencional exige que el intervalo de confianza del 90% del cociente de las medias geométricas test/referencia quede completamente comprendido entre 80 y 125% para poder considerar un medicamento como bioequivalente.
El intervalo 80–125 % no significa que un medicamento genérico pueda contener un 20% menos o un 25% más de principio activo. Se refiere al análisis estadístico de AUC y Cmax.
Criterio habitual de bioequivalencia: el IC del 90 % del cociente test/referencia para AUC y Cmax debe quedar dentro del intervalo 80,00–125,00 %.
El Tmax no se somete de forma rutinaria a este mismo intervalo de aceptación. Se considera un parámetro adicional de la cinética de absorción. Cuando la rapidez de exposición o el inicio precoz del efecto tienen importancia clínica, las directrices pueden exigir la valoración de parámetros adicionales relacionados con la exposición temprana.
Tmax no sigue la regla 80–125 %. La bioequivalencia se establece de forma habitual con AUC y Cmax; la velocidad de exposición adquiere especial relevancia cuando tiene consecuencias clínicas.
En España, un medicamento genérico presenta la misma composición cualitativa y cuantitativa en principios activos y la misma forma farmacéutica que el medicamento de referencia. Además, debe cumplir los requisitos de calidad farmacéutica y demostrar bioequivalencia cuando corresponda. Los genéricos autorizados se identifican con las siglas EFG (especialidad farmacéutica genética).
3.5. Vías de administración
La elección de la vía de administración condiciona la rapidez con la que aparece el efecto, la cantidad de fármaco que alcanza la circulación sistémica, la posibilidad de controlar la dosis y la comodidad y seguridad del tratamiento.
Desde un punto de vista general pueden distinguirse vías enterales, parenterales y otras vías en las que el fármaco se aplica sobre superficies corporales o mucosas.
3.5.1. Clasificación general
Las vías enterales utilizan el aparato digestivo. Incluyen fundamentalmente la vía oral, la sublingual y la rectal.
Las vías parenterales introducen el fármaco mediante una inyección o un sistema equivalente, evitando el tubo digestivo. Entre ellas se encuentran las vías intravenosa, intramuscular, subcutánea e intradérmica, además de otras vías utilizadas en situaciones específicas.
Existen también vías como la inhalatoria, nasal, dérmica o transdérmica, cuyo objetivo puede ser local o sistémico.
| Vía | Rapidez / absorción | Primer paso hepático | Ventajas principales | Limitaciones o uso característico |
|---|---|---|---|---|
| Oral | Absorción variable. Principalmente en intestino delgado. | Sí | Cómoda, barata, adecuada para tratamiento crónico. | Inicio más lento, posible degradación digestiva, no útil en vómitos o inconsciencia. |
| Sublingual | Rápida a través de mucosa oral. | No | Inicio rápido, evita primer paso. | Requiere colaboración del paciente. Solo útil para algunos fármacos y dosis pequeñas. |
| Rectal | Variable e impredecible. | Parcial | Útil si no puede emplearse la vía oral. Puede buscarse efecto local o sistémico. | Absorción errática. Influida por heces y lugar de depósito. |
| Intravenosa | No hay fase de absorción. Biodisponibilidad del 100 %. | No | Efecto inmediato, control preciso de dosis, útil en urgencias. | Requiere acceso vascular y técnica estéril. Mayor riesgo de reacciones rápidas. |
| Intramuscular | Generalmente rápida. Depende de la perfusión muscular. | No | Útil cuando la vía oral no es adecuada. Posibles formulaciones depot. | Dolor, lesión local, variabilidad si cambia el flujo muscular. |
| Subcutánea | Más lenta que la intramuscular. | No | Administración relativamente sencilla. Puede aportar liberación progresiva. | Dependiente de la perfusión periférica. Volúmenes limitados. |
| Transdérmica | Lenta y sostenida. | No | Concentraciones estables, cómoda, útil para tratamientos prolongados. | Solo válida para fármacos con propiedades adecuadas para atravesar la piel. |
| Inhalatoria | Rápida. Puede ser local o sistémica. | No | Efecto local respiratorio muy útil, inicio rápido. | Depende del dispositivo y de la técnica de inhalación. |
| Nasal | Rápida a través de mucosa nasal. | No | Útil para efecto local o sistémico. Evita degradación digestiva. | Limitada por la formulación y por la cantidad administrable. |
La vía de administración no indica necesariamente si el efecto será local o sistémico. Una misma superficie puede utilizarse con ambos objetivos.
3.5.2. Vía oral
La vía oral es la vía enteral más utilizada. Permite administrar tanto formas líquidas como sólidas y resulta especialmente adecuada para tratamientos prolongados.
Tras la ingestión, el fármaco atraviesa primero el estómago y posteriormente alcanza el intestino delgado, donde se absorbe la mayor parte de los fármacos debido a su gran superficie y elevada perfusión.
El vaciamiento gástrico condiciona con frecuencia la velocidad de absorción. Cuando el vaciamiento es lento, el fármaco tarda más tiempo en alcanzar el intestino delgado y el inicio de la absorción puede retrasarse.
También influyen la motilidad intestinal, la presencia de alimentos, el pH, las secreciones digestivas y las interacciones con otros fármacos.
Una vez absorbido, el fármaco llega al hígado a través de la circulación portal, por lo que puede estar sometido a un importante efecto de primer paso.
La vía oral presenta numerosas ventajas: es cómoda, económica, bien aceptada por el paciente y adecuada para la administración crónica. Además, permite utilizar una gran variedad de formas farmacéuticas.
Sus principales limitaciones son una absorción más lenta y variable que por vía intravenosa, la posible degradación digestiva y el metabolismo presistémico. Tampoco resulta adecuada cuando el paciente presenta vómitos persistentes, alteraciones graves de la deglución, deterioro importante del nivel de conciencia o determinadas situaciones gastrointestinales.
Algunos medicamentos administrados por vía oral buscan exclusivamente un efecto local en el tubo digestivo. En estos casos no es necesario que el principio activo alcance la circulación sistémica.
3.5.3. Vías sublingual y bucal
En la vía sublingual, el fármaco se coloca debajo de la lengua para que atraviese la mucosa oral.
La mucosa sublingual presenta una elevada vascularización, por lo que algunos fármacos pueden absorberse rápidamente y alcanzar la circulación sistémica en poco tiempo. Además, la sangre procedente de esta región drena directamente hacia la circulación sistémica, evitando el paso inicial por el hígado.
La vía sublingual puede proporcionar un inicio rápido y evita el primer paso hepático inicial.
Su utilidad está limitada a fármacos capaces de atravesar adecuadamente la mucosa y a dosis relativamente pequeñas. También requiere la colaboración del paciente, que debe mantener correctamente el medicamento en la cavidad oral.
3.5.4. Vía rectal
La vía rectal permite administrar tanto preparados sólidos, como los supositorios, como formulaciones líquidas
Puede utilizarse cuando la vía oral no es posible, por ejemplo ante determinados problemas de deglución o vómitos, y también para conseguir un efecto local sobre la mucosa rectal.
La absorción rectal suele ser más variable e impredecible que la absorción oral. Puede modificarse por la presencia de heces, el lugar donde queda depositado el medicamento y las características de la formulación.
Desde el punto de vista vascular, la parte superior del recto drena hacia el sistema porta, mientras que las regiones media e inferior drenan hacia la circulación sistémica. Por ello, la vía rectal puede evitar parcialmente el primer paso hepático, pero no lo elimina de forma completa ni predecible.
La vía rectal no evita siempre el primer paso hepático. Su grado de evitación depende, entre otros factores, del lugar donde se produzca la absorción.
3.5.5. Vía intravenosa
La administración intravenosa introduce el fármaco directamente en la circulación sistémica.
No existe fase de absorción y la biodisponibilidad es del 100%. Esto permite controlar con gran precisión la dosis administrada y conseguir concentraciones plasmáticas de forma rápida.
Es especialmente útil en situaciones urgentes, en pacientes que no pueden utilizar la vía oral o cuando se necesita una administración continua y controlada. También permite administrar volúmenes relativamente grandes mediante infusión.
Su principal inconveniente deriva precisamente de su rapidez. Una vez administrado el fármaco no puede recuperarse, y una dosis excesiva o una reacción adversa pueden aparecer con gran rapidez. Además, requiere acceso vascular, material estéril y una técnica adecuada.
Puede asociarse a complicaciones locales, infecciosas, trombóticas o relacionadas con la propia velocidad de administración (flebitis).
En la vía intravenosa no hay absorción. Biodisponibilidad = 100%.
3.5.6. Vías intramuscular y subcutánea
En la vía intramuscular, el fármaco se deposita en el tejido muscular y posteriormente se absorbe hacia la circulación. La velocidad de absorción depende en gran medida de la perfusión muscular y de las características de la preparación.
Las soluciones acuosas suelen absorberse con relativa rapidez, mientras que las formulaciones depot producen una liberación y absorción más prolongadas.
Esta vía evita el primer paso hepático inicial y permite administrar fármacos que no pueden utilizarse eficazmente por vía oral.
Entre sus inconvenientes se encuentran el dolor, la posibilidad de lesión local y la variabilidad de la absorción cuando el flujo sanguíneo muscular está alterado.
En la vía subcutánea, el fármaco se deposita en el tejido celular subcutáneo. Su absorción suele ser más lenta que por vía intramuscular debido a una menor perfusión. Esta propiedad puede resultar útil cuando se busca una liberación relativamente progresiva del fármaco. El flujo sanguíneo local modifica de forma importante la velocidad de absorción. Una reducción marcada de la perfusión periférica puede enlentecerla.
3.5.7. Otras vías parenterales
Existen vías parenterales reservadas para situaciones concretas.
- Vía intraarterial: permite administrar una sustancia directamente en una arteria determinada para alcanzar elevadas concentraciones en un territorio específico o para determinadas exploraciones diagnósticas.
- Vías intratecal e intraventricular: permiten introducir fármacos directamente en el líquido cefalorraquídeo, evitando en gran medida las limitaciones impuestas por la barrera hematoencefálica.
- Vía epidural: deposita el medicamento en el espacio epidural y se utiliza especialmente para administrar anestésicos locales y analgésicos.
- Vía intraarticular: permite administrar fármacos directamente dentro de una articulación buscando fundamentalmente un efecto local.
Estas vías requieren una técnica específica y no constituyen vías habituales para la administración sistémica de medicamentos.
3.5.8. Vías dérmica y transdérmica
La aplicación sobre la piel puede buscar un efecto local o sistémico. Las cremas, pomadas y otros preparados tópicos se utilizan fundamentalmente para conseguir concentraciones elevadas en la propia piel con una exposición sistémica limitada. En cambio, los sistemas transdérmicos están diseñados para que el fármaco atraviese la piel y llegue progresivamente a la circulación sistémica.
Esta vía evita el primer paso hepático inicial y puede proporcionar concentraciones relativamente estables durante periodos prolongados. Además, la administración puede interrumpirse retirando el parche, aunque el fármaco que ya ha penetrado en las capas cutáneas puede continuar absorbiéndose durante cierto tiempo.
Su utilización está limitada a principios activos con propiedades fisicoquímicas adecuadas para atravesar la barrera cutánea.
3.5.9. Vías inhalatoria y nasal
La vía inhalatoria permite administrar el fármaco directamente sobre el aparato respiratorio. Puede utilizarse para obtener un efecto local, como ocurre con muchos broncodilatadores y antiinflamatorios utilizados en enfermedades de la vía aérea. La gran superficie pulmonar y su elevada perfusión permiten también una absorción sistémica rápida de determinadas sustancias. La cantidad realmente depositada en el pulmón depende de factores como el tamaño de partícula, la técnica de inhalación y el dispositivo utilizado.
La vía nasal también puede utilizarse con un objetivo local o sistémico. La mucosa nasal está bien vascularizada y permite la absorción de determinados fármacos que serían degradados o poco absorbidos por vía oral.