2.1. Principios generales de las biomoléculas
Los seres vivos están construidos con los mismos elementos que el universo inanimado: carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, fósforo y azufre en su mayoría. Lo que diferencia a la materia viva no es su composición elemental, sino la organización de esos átomos en moléculas con propiedades extraordinarias.
Las biomoléculas tienen tres rasgos que las distinguen de las moléculas ordinarias:
- Están altamente organizadas: su estructura tridimensional no es aleatoria, sino que resulta de millones de años de selección hacia formas que cumplen funciones concretas.
- Son específicas: una enzima reconoce su sustrato entre miles de moléculas similares; un receptor distingue su ligando con una precisión casi absoluta.
- Son dinámicas: cambian de forma, se ensamblan, se desensamblan y se regulan en respuesta a señales del entorno.
En bioquímica, estructura y función son inseparables. La forma tridimensional de una biomolécula es la base de su actividad biológica. Alterar la forma equivale, en la mayoría de los casos, a alterar o eliminar la función.
Otra característica fundamental es que las biomoléculas se organizan en jerarquías. Los monómeros se ensamblan en polímeros, los polímeros se pliegan en estructuras tridimensionales, y esas estructuras se asocian con otras para formar complejos macromoleculares. Cada nivel de organización añade propiedades que no existen en el nivel inferior.
2.2. El agua
El agua constituye entre el 70 y el 80 % del peso de la mayoría de las células. No es simplemente el medio en el que ocurren las reacciones biológicas: es un participante activo en casi todas ellas y uno de los factores que más condiciona la estructura de las biomoléculas.
La clave de las propiedades del agua está en su geometría molecular. La molécula de agua (H₂O) tiene forma angular, con el oxígeno en el vértice. El oxígeno es muy electronegativo y atrae los electrones de los enlaces O-H hacia sí, generando una distribución de cargas asimétrica: el oxígeno adquiere carga parcial negativa (δ⁻) y los hidrógenos, carga parcial positiva (δ⁺). Esto convierte al agua en una molécula polar.
Molécula polar: molécula con distribución asimétrica de cargas eléctricas, de modo que un extremo tiene carga parcial negativa y otro, carga parcial positiva. La polaridad del agua es la base de su capacidad para formar enlaces de hidrógeno y disolver compuestos iónicos y polares.
Gracias a su polaridad, las moléculas de agua interaccionan entre sí mediante enlaces de hidrógeno. El hidrógeno (δ⁺) de una molécula se atrae hacia el oxígeno (δ⁻) de una molécula vecina. En el agua líquida, cada molécula puede formar hasta cuatro enlaces de hidrógeno simultáneamente, creando una red dinámica que explica propiedades como el alto punto de ebullición, la elevada capacidad calorífica y la tensión superficial.
Esta misma polaridad hace que el agua disuelva bien los compuestos iónicos y los compuestos polares, porque puede interaccionar con sus cargas y separarlos. Los compuestos no polares, en cambio, no pueden formar enlaces de hidrógeno con el agua y tienden a agregarse entre sí para minimizar el contacto con ella. Este fenómeno se llama efecto hidrofóbico y tiene consecuencias estructurales decisivas en bioquímica.
El efecto hidrofóbico no es una fuerza de atracción entre moléculas no polares: es la tendencia del sistema a minimizar el área de contacto entre agua y compuestos apolares, lo que aumenta la entropía del agua. Es la fuerza que compacta el interior de las proteínas, cierra las membranas lipídicas y organiza los complejos macromoleculares.
El agua también actúa como ácido y como base débil. Una fracción muy pequeña de las moléculas de agua se disocia espontáneamente: H₂O ⇌ H⁺ + OH⁻. Esta disociación, aunque mínima, tiene consecuencias: el pH del medio intracelular y extracelular afecta al estado de ionización de los grupos funcionales de las biomoléculas y, por tanto, a su estructura y función. Por eso el organismo regula el pH con tanta precisión.
El efecto del pH sobre la actividad enzimática y la ionización de grupos funcionales de proteínas se desarrolla en el Tema 7 · Cinética enzimática y velocidad de reacción.
Los mecanismos que regulan el pH del organismo (sistemas tampón, compensación respiratoria y renal) se desarrollan en Fisiología Médica (Tema 6 · Regulación del equilibrio ácido-base).
2.3. Estructura molecular y función biológica
La función de una biomolécula depende de su capacidad para interaccionar con otras moléculas de forma específica. Esa especificidad viene determinada por la forma tridimensional de la molécula y la distribución de cargas en su superficie. Dos moléculas interaccionan bien cuando sus formas son complementarias, como una llave y su cerradura.
Este principio de complementariedad molecular es universal en bioquímica. Explica por qué una enzima reconoce su sustrato y no otra molécula similar, por qué un anticuerpo se une a un antígeno concreto, por qué una hormona activa un receptor y no otro. En todos los casos, la especificidad emerge de la complementariedad de forma, carga y polaridad entre las dos moléculas que interaccionan.
Complementariedad molecular: principio según el cual dos moléculas interaccionan de forma específica cuando sus superficies son geométricamente y electrostáticamente complementarias. La complementariedad determina la especificidad del reconocimiento biológico.
La estructura tridimensional de las biomoléculas no es rígida: puede cambiar en respuesta a la unión de un ligando, a cambios de pH, de temperatura o de concentración de iones. Estos cambios de conformación son la base de la regulación bioquímica. Una proteína que cambia de forma al unirse a una molécula puede activar o inhibir una reacción en cadena que afecte a toda la célula.
Muchas enfermedades son consecuencia directa de alteraciones en la estructura de biomoléculas. La anemia falciforme resulta de una única sustitución de aminoácido en la hemoglobina que cambia su comportamiento conformacional. El mal plegamiento de proteínas está en la base de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o el Parkinson. En todos estos casos, la estructura alterada conduce a una función alterada.
2.4. Reacciones bioquímicas: energía y espontaneidad
Las células llevan a cabo miles de reacciones químicas simultáneamente. No todas estas reacciones son igual de favorables: algunas liberan energía (son espontáneas), otras requieren aporte de energía para ocurrir. La termodinámica bioquímica describe qué reacciones pueden ocurrir y en qué dirección.
El parámetro central es la energía libre de Gibbs (ΔG). Cuando ΔG es negativo, la reacción es exergónica: libera energía y puede ocurrir espontáneamente. Cuando ΔG es positivo, la reacción es endergónica: requiere aporte de energía y no ocurre de forma espontánea en las condiciones indicadas.
Energía libre de Gibbs (ΔG): medida de la energía disponible para realizar trabajo en una reacción a temperatura y presión constantes. ΔG < 0 indica reacción espontánea (exergónica); ΔG > 0 indica reacción no espontánea (endergónica).
La célula resuelve el problema de las reacciones endergónicas mediante el acoplamiento de reacciones: una reacción endergónica se conecta a una reacción exergónica suficientemente favorable, de modo que el ΔG total del proceso combinado sea negativo. El agente de acoplamiento más universal es el ATP (adenosín trifosfato): la hidrólisis de uno de sus enlaces fosfato libera suficiente energía (ΔG ≈ –30,5 kJ/mol en condiciones estándar, y más en condiciones celulares reales) como para impulsar reacciones que de otro modo no ocurrirían.
El ATP no es un depósito de energía a largo plazo: es una moneda de intercambio energético inmediato. La célula produce y consume ATP continuamente. En reposo, un ser humano renueva su propio peso en ATP cada día.
ΔG negativo no significa reacción rápida. La espontaneidad termodinámica indica la dirección de la reacción, no su velocidad. La velocidad depende de la energía de activación (Ea), que es la barrera energética que deben superar los reactivos para transformarse en productos. Las enzimas actúan precisamente rebajando esa barrera, no alterando el ΔG.
2.5. Interacciones moleculares
Las biomoléculas se mantienen unidas, se reconocen y se regulan gracias a interacciones no covalentes. A diferencia de los enlaces covalentes, estas interacciones son débiles individualmente, pero su cooperación a gran escala genera estructuras estables y específicas.
Los cuatro tipos principales de interacciones no covalentes en bioquímica son:
- Los enlaces de hidrógeno (o puentes de hidrógeno) se forman entre un átomo electronegativo que actúa como dador (N-H o O-H) y otro átomo electronegativo que actúa como aceptor (O o N). Son los responsables de la estructura secundaria de las proteínas (α-hélice, lámina β) y de la doble hélice del ADN.
- Las interacciones electrostáticas (o iónicas) se producen entre grupos con cargas opuestas: por ejemplo, entre un grupo amino protonado (–NH₃⁺) y un grupo carboxilato (–COO⁻). Contribuyen a la estabilización de la estructura terciaria de las proteínas y a las interacciones proteína-ADN.
- Las fuerzas de Van der Waals son atracciones débiles entre dipolos instantáneos que se inducen mutuamente en átomos adyacentes. Son de muy corto alcance y solo actúan cuando dos átomos están muy próximos, pero cuando miles de pares atómicos interaccionan en una interfaz molecular, la contribución total es significativa.
- Las interacciones hidrofóbicas no son en sentido estricto una fuerza de atracción, sino el resultado del efecto hidrofóbico. Los grupos no polares tienden a agruparse para minimizar el contacto con el agua. Contribuyen de forma decisiva al plegamiento de proteínas y a la formación de membranas lipídicas.
| Tipo | Energía (kJ/mol) | Base física | Ejemplo biológico |
|---|---|---|---|
| Enlace de hidrógeno | 12–30 | Dipolo permanente entre N-H / O-H y átomo electronegativo aceptor | Estructura secundaria de proteínas, doble hélice del ADN |
| Interacción iónica | 20–80 | Atracción entre cargas opuestas | Pares iónicos en proteínas, unión proteína-ADN |
| Van der Waals | 0,4–4 | Dipolos instantáneos inducidos entre átomos adyacentes | Empaquetamiento del núcleo hidrofóbico de proteínas |
| Hidrofóbica | Variable | Efecto entrópico: minimización del contacto apolar-agua | Plegamiento de proteínas, bicapa lipídica |
La especificidad del reconocimiento molecular depende de la suma coordinada de muchas interacciones débiles.
Esta cooperatividad explica que pequeñas alteraciones en la superficie de una molécula puedan destruir por completo una interacción que requería precisión espacial.