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TEMA 12

Características funcionales de las fibras nerviosas

Dificultad: Intermedia
Lectura: 16~18 min
Estudio: 1,2~1,5 horas
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Autor y revisión médica: Dr. Vicente Molina

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Actualizado: 14 de mayo de 2026

Resumen

Las fibras nerviosas se clasifican según su diámetro, grado de mielinización y velocidad de conducción: el sistema Erlanger-Gasser (A, B, C) se aplica a todas las fibras, mientras que la clasificación de Lloyd-Hunt (grupos I–IV) es específica de las aferentes sensitivas.

La velocidad de conducción depende fundamentalmente del diámetro y la mielinización, y ambos parámetros tienen consecuencias funcionales directas.

El axón no es solo un cable pasivo: el transporte axonal mantiene la homeostasis del terminal sináptico y permite la comunicación retrógrada con el soma. Cuando una fibra se daña, el SNP tiene capacidad limitada de regeneración gracias a las células de Schwann; el SNC, en cambio, regenera de forma muy deficiente.

Ideas clave

  1. Las fibras nerviosas se clasifican por tres criterios combinados: presencia de mielina, diámetro axonal y velocidad de conducción. Los tres están correlacionados.
  2. Las fibras A son mielínicas y se subdividen en α, β, γ y δ según diámetro y velocidad decrecientes. Las fibras C son amielínicas y las más lentas.
  3. La clasificación de Lloyd-Hunt (grupos I–IV) es equivalente a la de Erlanger-Gasser para fibras sensitivas: el grupo Ia equivale a Aα, el grupo II a Aβ, el grupo III a Aδ y el grupo IV a C.
  4. El transporte axonal anterógrado rápido desplaza vesículas y orgánulos hacia el terminal sináptico mediante quinesinas. El transporte retrógrado devuelve material al soma mediante dineínas.
  5. Tras sección de un axón, el segmento distal sufre degeneración walleriana: el axón y su vaina de mielina se fragmentan y son fagocitados por macrófagos y células de Schwann.
  6. La regeneración nerviosa en el SNP es posible porque las células de Schwann secretan factores neurotróficos y forman las bandas de Büngner, que guían el cono de crecimiento axonal.
  7. En el SNC la regeneración es mínima: los astrocitos forman una cicatriz glial y faltan células equivalentes a las de Schwann que guíen el axón en crecimiento.

Errores frecuentes

  1. Error: confundir las dos nomenclaturas como si fueran sistemas independientes. Corrección: son dos formas de clasificar las mismas fibras: Lloyd-Hunt solo se aplica a aferentes sensitivas y su escala numérica (I–IV) se corresponde directamente con subtipos de la clasificación Erlanger-Gasser.
  2. Error: creer que a mayor diámetro, más lenta es la conducción. Corrección: es lo contrario: a mayor diámetro, menor resistencia longitudinal y mayor velocidad de conducción.
  3. Error: pensar que el transporte axonal rápido y el lento transportan el mismo tipo de carga. Corrección: el transporte rápido mueve orgánulos membranosos y vesículas; el lento mueve proteínas citoesqueléticas solubles (tubulina, actina, proteínas asociadas).
  4. Error: asumir que degeneración walleriana y muerte neuronal son lo mismo. Corrección: la degeneración walleriana afecta al segmento distal al corte; el soma puede sobrevivir y ser el origen de la regeneración.
  5. Error: generalizar la capacidad regenerativa del SNP al SNC. Corrección: el SNC regenera muy pobremente: la ausencia de células de Schwann, la presencia de inhibidores asociados a mielina (Nogo, MAG) y la cicatriz glial lo dificultan de forma decisiva.

12.1. El nervio como cable funcional

El sistema nervioso necesita que la información viaje de forma rápida, fiable y sin mezclar señales de distinta naturaleza. Para ello, cada fibra nerviosa conduce un tipo específico de información por una vía dedicada: esto es el principio de la línea marcada. Lo que el cerebro interpreta no depende de la fibra que se activa, sino del destino al que llega esa señal. Si estimulas artificialmente una fibra que normalmente conduce tacto, percibirás tacto aunque el estímulo haya sido eléctrico.

Las fibras nerviosas no son todas iguales. Difieren en diámetro, en si están o no envueltas en mielina, y en la velocidad a la que propagan el potencial de acción. Estas tres características están correlacionadas y son la base de las clasificaciones que se usan en fisiología.

Definición

Fibra nerviosa: prolongación neuronal especializada en conducir potenciales de acción. Sus propiedades funcionales dependen del diámetro, la mielinización y la organización de sus canales iónicos.

Relación con otro tema

La conducción del potencial de acción, incluidos los mecanismos de corrientes locales y conducción saltatoria que explican por qué la mielina aumenta la velocidad, se desarrollan en el T11 — Conducción del potencial de acción de esta misma asignatura.

12.2. Clasificación de las fibras nerviosas

12.2.1. Criterios de clasificación de las fibras nerviosas

Tres parámetros permiten clasificar cualquier fibra nerviosa:

  • Presencia de vaina de mielina: mielínicas o amielínicas.
  • Diámetro axonal: medido en micrómetros (μm). A mayor diámetro, menor resistencia al flujo de corriente longitudinal.
  • Velocidad de conducción: medida en metros por segundo (m/s). Se correlaciona directamente con el diámetro y con la mielinización.

Los tres parámetros van de la mano: las fibras más gruesas tienden a ser mielínicas y las más rápidas. No son criterios independientes, sino facetas distintas de una misma realidad estructural.

12.2.1. Clasificación de Erlanger-Gasser (fibras A, B y C)

Esta es la clasificación general, aplicable a cualquier fibra nerviosa, sea motora, sensitiva o autonómica. La propusieron Joseph Erlanger y Herbert Gasser en los años 1920-1930 a partir de registros de velocidad de conducción en nervios compuestos, trabajo que les valió el Premio Nobel de Fisiología en 1944.

Las fibras se dividen en tres grupos principales: A, B y C.

  1. Las fibras A son fibras mielínicas de gran diámetro. Se subdividen en cuatro subtipos según diámetro y velocidad decrecientes: α, β, γ y δ.
    1. Las fibras Aα son las más gruesas (10-20 μm) y las más rápidas (70-120 m/s). Incluyen las motoneuronas alfa que inervan fibras musculares extrafusales y las aferentes primarias del huso muscular. Su velocidad de conducción elevada es imprescindible para los reflejos motores que requieren latencias muy cortas.
    2. Las fibras Aβ (8-14 μm, 35-80 m/s) transmiten información táctil de umbral bajo: tacto fino, presión, vibración. Son las que activan los mecanorreceptores cutáneos de adaptación rápida y lenta.
    3. Las fibras Aγ (5-9 μm, 10-50 m/s) inervan las fibras intrafusales del huso muscular, modulando su sensibilidad. No generan fuerza directamente, pero regulan la ganancia del reflejo miotático.
    4. Las fibras Aδ (<5 μm, <30 m/s) son las más delgadas dentro del grupo A. Transmiten dolor agudo y bien localizado (el primer dolor que se siente tras un pinchazo) y temperatura fría. Su fina capa de mielina les da velocidad suficiente para esta función de alerta rápida.
  2. Las fibras B (1-3 μm, 3-15 m/s) son fibras mielínicas exclusivas de las vías preganglionares del sistema nervioso autónomo.
  3. Las fibras C: (0,5-2 μm, 0,5-2 m/s) son fibras amielínicas. Son las más delgadas y las más lentas. Transmiten dolor sordo y difuso (el segundo dolor, de inicio tardío tras una lesión), temperatura cálida y señales autonómicas posganglionares.
Fibra Mielina Diámetro (μm) Velocidad (m/s) Función principal
10–20 70–120 Motoneuronas α; aferentes del huso muscular (primarias)
8–14 35–80 Tacto fino, presión, vibración
5–9 10–50 Motoneuronas γ; regulación del huso muscular
Sí (fina) <5 <30 Dolor agudo localizado; temperatura fría
B Sí (fina) 1–3 3–15 Autonómicas preganglionares
C No 0,5–2 0,5–2 Dolor sordo difuso; temperatura cálida; autonómicas posganglionares
Idea clave

A mayor diámetro axonal y mayor grado de mielinización, mayor velocidad de conducción. Las fibras Aα, con 70-120 m/s, son unas 100 veces más rápidas que las fibras C amielínicas. Esta diferencia tiene consecuencias funcionales directas: el "primer dolor" (agudo, localizado, inmediato) viaja por Aδ; el "segundo dolor" (sordo, difuso, tardío) viaja por C.

12.2.2. Clasificación de Lloyd-Hunt (grupos I–IV)

Esta clasificación, propuesta por Lloyd y Hunt en los años 1940, se aplica exclusivamente a las fibras aferentes sensitivas de los nervios musculares y cutáneos. Es la nomenclatura habitual en fisiología sensorial y en el estudio de los reflejos espinales.

Nota

Ambas nomenclaturas describen las mismas fibras desde perspectivas distintas. Erlanger-Gasser clasifica por velocidad de conducción y se aplica a cualquier fibra. Lloyd-Hunt clasifica por origen receptor y se aplica solo a aferentes sensitivas. En la práctica, los fisiólogos usan las dos y conviene saber relacionarlas.

  1. Las fibras del grupo I son las más gruesas y rápidas de las sensitivas. Se subdividen en dos:
    1. Grupo Ia (o Iα): 20 μm, ~120 m/s. Proceden de las terminaciones anuloespirales del huso muscular (receptores de estiramiento dinámico). Equivalen a las fibras Aα.
    2. Grupo Ib (o Iβ): ligeramente más delgadas y lentas. Proceden del órgano tendinoso de Golgi, que detecta la tensión muscular. También equivalen a , en el rango inferior del subtipo.
  2. Las fibras del grupo II (12-13 μm, <70 m/s) recogen información de las terminaciones en ramillete del huso muscular (receptores estáticos) y de mecanorreceptores cutáneos. Equivalen a las fibras Aβ.

  3. Las fibras del grupo III (~5 μm, <30 m/s) son fibras finas mielínicas que transmiten dolor muscular, presión intensa y frío. Equivalen a las fibras Aδ.

  4. Las fibras del grupo IV son amielínicas, las más lentas, y transmiten dolor sordo, calor y señales metabólicas musculares. Equivalen a las fibras C.

Lloyd-Hunt Erlanger-Gasser Diámetro (μm) Velocidad (m/s) Receptor de origen
Ia ~20 ~120 Terminación anuloespiral del huso (dinámica)
Ib Aα (rango inferior) 16–20 70–120 Órgano tendinoso de Golgi
II 12–13 <70 Terminación en ramillete del huso (estática); mecanorreceptores cutáneos
III ~5 <30 Dolor muscular agudo; frío; presión intensa
IV C 0,5–2 0,5–2 Dolor sordo; calor; señales metabólicas
Para examen

En examen, la pregunta más frecuente sobre clasificación de fibras es la correlación entre las dos nomenclaturas. Fíjate en los extremos: Ia = Aα (las más rápidas) y grupo IV = C (las más lentas y amielínicas). Los intermedios se deducen por orden.

12.2.3. Implicaciones funcionales de la clasificación

Conocer los tipos de fibras no es un ejercicio de nomenclatura. Las diferencias de diámetro, mielina y velocidad tienen consecuencias funcionales directas que explican cómo el sistema nervioso procesa la información de forma eficiente.

Principio de la línea marcada

Un potencial de acción no lleva inscrita su modalidad sensorial. Lo que determina si una señal se percibe como dolor, tacto, temperatura o sonido no es la naturaleza del potencial en sí, sino la vía anatómica y funcional por la que viaja y la corteza en la que termina.

Si se activa artificialmente una fibra táctil, la sensación percibida será tacto aunque el estímulo haya sido eléctrico. Si se estimula una vía dolorosa, el sistema nervioso interpretará la señal como dolor independientemente de cómo se haya generado. La especificidad modal depende de la conexión entre receptor periférico, fibra aferente, vías centrales y área cortical correspondiente.

Codificación de la intensidad

Un potencial de acción individual sigue la ley del todo o nada: su amplitud no varía con la intensidad del estímulo. Sin embargo, la sensación sí puede percibirse como más o menos intensa. Esto ocurre por dos mecanismos que actúan en paralelo:

Por un lado, aumenta la frecuencia de descarga en cada fibra: un estímulo más intenso genera más potenciales de acción por unidad de tiempo en la misma fibra.

Por otro, se produce reclutamiento: un estímulo débil activa pocas fibras, mientras que uno fuerte activa un número mayor. La suma de la actividad de más fibras se interpreta centralmente como una señal de mayor intensidad.

Idea clave

La intensidad de un estímulo no se codifica en la amplitud del potencial de acción, que es siempre la misma en una fibra dada. Se codifica en la frecuencia de disparo y en el número de fibras reclutadas. Estos dos parámetros son los que el sistema nervioso central lee para interpretar cuánto.

Velocidad y función

La velocidad de conducción no es un dato aislado: determina para qué sirve cada fibra.

Las fibras rápidas son adecuadas para funciones que exigen precisión temporal: propiocepción muscular, reflejos espinales de latencia corta, tacto discriminativo y control motor somático fino. Una motoneurona alfa que tarda demasiado en llegar al músculo haría imposible el ajuste postural rápido.

Las fibras lentas son adecuadas para señales que no requieren localización precisa ni respuesta inmediata: dolor persistente, prurito, temperatura ambiental, regulación autonómica. La velocidad baja no es un defecto, es una adaptación al tipo de información que transportan.

Dolor rápido y dolor lento

El ejemplo más claro de cómo la velocidad de conducción determina la experiencia funcional es la doble sensación dolorosa ante un estímulo nocivo intenso.

El dolor rápido aparece de forma casi inmediata: es agudo, bien localizado y fácil de describir. Lo transmiten las fibras Aδ, que con su fina mielina alcanzan velocidades de hasta 30 m/s. Su función es de alerta: informa rápidamente de que algo ha causado daño.

El dolor lento aparece después, es más persistente, difuso y se describe habitualmente como sordo, urente o mal localizado. Lo transmiten las fibras C, amielínicas y lentas (0,5-2 m/s). Su función es más relacionada con la protección prolongada de la zona dañada y con los mecanismos de sensibilización central.

Relevancia clínica

La distinción entre dolor rápido (Aδ) y dolor lento (C) tiene implicaciones anestésicas. Los anestésicos locales bloquean las fibras en orden inverso a su diámetro: primero las más finas (C y Aδ), luego las intermedias y finalmente las gruesas. Esto explica por qué con una concentración anestésica baja se puede abolir el dolor sin afectar el tacto ni la propiocepción: las fibras Aβ, más gruesas, siguen conduciendo.

12.3. Transporte axonal

El axón puede medir desde unos pocos milímetros hasta más de un metro, como en el caso del nervio ciático. El soma neuronal sintetiza la práctica totalidad de las proteínas que la neurona necesita, pero el terminal sináptico está muy lejos. Para mantener la homeostasis del terminal y permitir la comunicación entre soma y periferia, existe el transporte axonal: un sistema de tráfico bidireccional activo que recorre el axón a lo largo de los microtúbulos.

Ilustración educativa del transporte axonal en una neurona mielinizada, con transporte anterógrado por quinesina, transporte retrógrado por dineína, microtúbulos, vaina de mielina y nodos de Ranvier.
Definición

Transporte axonal: desplazamiento activo de orgánulos, vesículas, proteínas y señales a lo largo del axón mediante motores moleculares asociados a microtúbulos. Puede ser anterógrado (soma → terminal) o retrógrado (terminal → soma).

12.3.1. Transporte anterógrado

Lleva material desde el soma hacia el terminal sináptico. Existen dos modalidades según la velocidad:

  1. El transporte rápido (~200-400 mm/día) desplaza vesículas sinápticas, precursores de neurotransmisores, mitocondrias y componentes de membrana. El motor molecular implicado es la quinesina, que camina hacia el extremo positivo (+) de los microtúbulos, que en el axón apunta hacia el terminal.
  2. El transporte lento (0,1-5 mm/día) transporta proteínas citoesqueléticas solubles: tubulina, actina, neurofilamentos y enzimas del metabolismo. No viaja en vesículas, sino como masa proteica que se desplaza lentamente. Es el mecanismo por el que se renueva el armazón estructural del axón.

12.3.2. Transporte retrógrado

Lleva material desde el terminal sináptico de vuelta al soma (~100-200 mm/día). El motor implicado es la dineína, que se desplaza hacia el extremo negativo (−) de los microtúbulos, situado en el soma.

Este transporte cumple dos funciones principales. Por un lado, recicla membranas y orgánulos envejecidos que serán degradados en lisosomas del soma. Por otro, transporta señales tróficas captadas en el terminal, principalmente factores neurotróficos como el NGF (factor de crecimiento nervioso), cuya unión al receptor en la periferia genera una señal endosomal que viaja hasta el núcleo para regular la expresión génica.

Relevancia clínica

Varios patógenos explotan el transporte retrógrado para acceder al SNC. La toxina tetánica y el virus de la rabia se unen a receptores en la placa neuromuscular y viajan retrógradamente por el axón motor hasta la médula espinal o el tronco encefálico, donde ejercen su efecto. Entender este mecanismo explica por qué las heridas en partes distales (pies, manos) tienen períodos de incubación más largos para el tétanos: el axón que debe recorrer la toxina es más largo.

Idea clave

El transporte axonal es imprescindible para la supervivencia del terminal sináptico. Si se interrumpe, el terminal degenera incluso aunque el axón permanezca físicamente intacto. Esto ocurre, por ejemplo, con ciertos fármacos que despolimerizan microtúbulos (como los alcaloides de la vinca, usados en quimioterapia), cuya neuropatía periférica se explica precisamente por este mecanismo.

12.4. Degeneración y regeneración nerviosas

Cuando un axón se lesiona, ocurren cambios tanto en el segmento distal a la lesión como en el soma neuronal. El desenlace, regeneración o muerte neuronal, depende de la gravedad de la lesión, del tipo de neurona y del entorno en que se produce.

Ilustración médica de la degeneración walleriana y la regeneración axonal tras una lesión nerviosa, con cromatolisis, fragmentación distal, macrófagos, bandas de Büngner, cono de crecimiento y nueva mielina.

12.4.1. Degeneración walleriana

Cuando un axón se secciona, el segmento distal queda desconectado del soma y pierde el aporte de proteínas y orgánulos que dependía del transporte anterógrado. En 24-48 horas el axón distal empieza a fragmentarse; la vaina de mielina se desmenuza en ovoides lipídicos. Este proceso se denomina degeneración walleriana, descrita por Augustus Waller en 1850.

Definición

Degeneración walleriana: degeneración del segmento axonal distal a una sección nerviosa, junto con su vaina de mielina, como consecuencia de la interrupción del transporte axonal anterógrado.

Los restos del axón y la mielina son fagocitados por las células de Schwann y por macrófagos que infiltran la zona. Este proceso de limpieza es indispensable para la posterior regeneración: el territorio distal debe quedar despejado antes de que el cono de crecimiento axonal pueda avanzar.

12.4.2. Reacción axonal central

Al mismo tiempo, el soma neuronal experimenta la reacción axonal central (también llamada cromatolisis): el retículo endoplásmico rugoso se dispersa, el núcleo se desplaza a la periferia y la síntesis proteica se redirige hacia proteínas estructurales necesarias para la regeneración, en lugar de neurotransmisores.

Esta reacción es una respuesta de supervivencia y reconstrucción. Si la lesión es muy proximal o muy grave, el soma puede no sobrevivir a la desaferenciación y morir.

12.4.3. Regeneración en el SNP

En el sistema nervioso periférico, la regeneración es posible gracias a las células de Schwann. Tras la degeneración walleriana, estas células proliferan y se alinean dentro del tubo de la lámina basal original, formando las bandas de Büngner: cordones celulares que actúan como guías físicas para el cono de crecimiento axonal.

Además, las células de Schwann secretan factores neurotróficos (NGF, BDNF, GDNF) que atraen quimiotácticamente el cono de crecimiento. El axón regenerante avanza a una velocidad de aproximadamente 1-3 mm/día. La reinervación del órgano diana no siempre es perfecta: si el axón entra en un tubo de Büngner que no corresponde a su destino original, la función recuperada puede ser incompleta o aberrante.

Relevancia clínica

La velocidad de regeneración de ~1-3 mm/día tiene implicaciones pronósticas directas. Una lesión del nervio radial en el tercio medio del húmero (a unos 15-20 cm de los músculos extensores de la muñeca) puede tardar 6-8 meses en recuperar función motora. Este cálculo aproximado ayuda a establecer expectativas realistas con el paciente y a planificar el momento de la cirugía reparadora si fuera necesaria.

12.4.4. Por qué el SNC no se regenera

En el sistema nervioso central, la regeneración axonal es mínima y funcionalmente insignificante en la mayoría de los casos. Existen varias razones que se potencian mutuamente.

  1. En primer lugar, no hay células equivalentes a las de Schwann. Los oligodendrocitos, que producen la mielina central, no tienen capacidad de guiar el crecimiento axonal ni secretan los factores neurotróficos adecuados.
  2. En segundo lugar, la mielina central contiene proteínas activamente inhibidoras del crecimiento axonal, como Nogo-A, MAG (glicoproteína asociada a mielina) y OMgp, que se liberan tras la degeneración y bloquean el cono de crecimiento.
  3. En tercer lugar, los astrocitos reactivos forman una cicatriz glial que constituye una barrera física y química. Aunque la cicatriz protege el tejido sano circundante, impide el avance del axón en regeneración.
Relación con otro tema

La neurogénesis, es decir, cómo se originan, proliferan y migran las neuronas durante el desarrollo embrionario, se estudia en Embriología. Los temas correspondientes son T12 — Desarrollo del sistema nervioso central. Vesículas encefálicas y derivados y T13 — Desarrollo del sistema nervioso periférico. Derivados de la cresta neural.

Idea clave

La diferencia regenerativa entre SNP y SNC no es intrínseca a la neurona, sino al entorno. Experimentos clásicos de Aguayo demostraron que neuronas del SNC pueden regenerar axones cuando se les proporciona un injerto de nervio periférico como guía: la neurona tiene la maquinaria necesaria, pero el entorno central no la deja usarla.

Ilustración médica comparativa de la regeneración axonal en el sistema nervioso periférico y central, mostrando células de Schwann, bandas de Büngner, factores neurotróficos, oligodendrocitos, cicatriz glial, moléculas inhibidoras y cono de crecimiento.
Error frecuente

Un error frecuente es pensar que el SNC es incapaz de cualquier cambio tras una lesión. Lo que no hace bien es regenerar axones seccionados. Pero sí existe plasticidad sináptica: las sinapsis existentes se refuerzan, se forman nuevas colaterales de axones intactos (sprouting) y se producen reorganizaciones funcionales del mapa cortical. Esto es la base de la neurorrehabilitación, no la regeneración axonal propiamente dicha.

12.5. Plasticidad neuronal, aprendizaje y memoria

La plasticidad neuronal es la capacidad del sistema nervioso para modificar sus conexiones sinápticas en respuesta a la experiencia, el aprendizaje y la lesión.

Incluye fenómenos como el sprouting colateral de axones intactos, la potenciación a largo plazo y la reorganización de mapas corticales. No es regeneración axonal propiamente dicha, pero es el mecanismo que subyace a la neurorrehabilitación y a la memoria.

Se desarrolla en profundidad en asignaturas de Neurociencias y Fisiología del sistema nervioso de cursos superiores.

Dr. Vicente Molina Nácher
Autor y revisión médica

Dr. Vicente Molina

Licenciado en Medicina
Especialista en Angiología y Cirugía Vascular

Editor y revisor de contenidos en Apuntes de Medicina.

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Bibliografía recomendada

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